El peluquero del pueblo era don Fidel,
lo conocíamos como el tendero
pero en los domingos
sacaba una reluciente silla
y unas tijeras sin filo,
con una sorda rasuradora
apuntaba el ojo, la tijera
el cabello caía como pájaros débiles
las orejas aparecían inermes
mientras el domingo bebía el ardor
la comezón que aparecía bruscamente
nos vestía no de azul
sino de una sabana limpia
en el coco aparecían escaleras
figuras deformes, irregulares
sueños de niños que caían
mientras ligeros
nos íbamos a correr al patio.
Gab Martínez

Posteado en Ayutla | por: gabmar09